¡Hola amiguetes y familias! Volvemos a nuestro blog de nuevo, con más energía y muy contentos por todo lo que os vamos a enseñar. ¡Qué emoción!
Tenemos que hacer un buen repaso por algunos hogares de varios compis del cole. Estos compis quisieron enfrentarse al reto de hacer y colorear en casa nuestras propias uvas, porque la uva de la canción no encontraba su racimo, y así todas nuestras uvas podrían hacerle algo de compañía. Ahora veremos si entre todas formamos un buen racimo de uvas coleguitas.
ADRIÁN trabaja con esmero por colorear de verde clarito su particular uva grandota. ¡Muy bien!
AITANA es una artista estampando sus manos y deditos. Con pintura verde y ayuda, tiene a otra amiguita para nuestra uva solitaria. ¡Estupendo!
MARCE nos muestra con orgullo su uva redondita y gordita. Seguro que la uva perdida cuando la vea, se alegra mogollón. ¡Fenomenal!
ABEL ha hecho una supermega uva. Ésta podría ser la hermana mayor de la uva de la canción. ¡Grandioso!
Y MARTA, tan trabajadora y aplicada como en el cole, ha hecho una uva gemela a la de la canción, y después ha creado 3 racimos de uvas de diferentes colores. El colorido de esa viña alegrará el corazón de la pequeña uva. ¡Súper bien!
¡Gracias a nuestros/as compis la pequeña uva ya no estará tan triste y no se sentirá sola! ¡Qué alegría, gran trabajo!
Para celebrar el trabajo tan bien hecho por todos, vamos a escuchar la canción de La Uva, cantada por nuestra amiga MARTA y nuestro amigo ABEL. ¿Dónde estarán los racimos?
¡Un fuerte aplauso para nuestros compis cantarines! Todavía nos podemos animar el resto a mandar nuestra versión de la canción. ¡Nunca es tarde!
Y de la canción de La Uva, nos vamos a la poesía de la vendimia. Nuestra compañera AITANA ya se la sabe, y con la ayuda de su mami, nos la recita encantada de la vida.
Y hoy tenemos algo muy especial para compartir con todo el mundo. Hemos conseguido incluir la canción de La Uva en una pequeña historia o cuento, que trata sobre esa misma uva, y narra todo lo que le pasó por su camino. Esperamos que os guste esta linda historia, que podría haber pasado en tierras manchegas, incluso cerca de Miguel Esteban, ¡quién sabe! ¡Disfrutad de la historia de LA PEQUEÑA UVA PERDIDA!
¿Os ha gustado? A nosotros un montón. Ahora podremos ver tantas veces como queramos esta peculiar historia en época de vendimia. Y aprovechando este cuento, se nos ocurre un buen reto para hoy; estaría genial que cada uno en casa, con la ayuda de las familias, cogiese un rotulador y trazase líneas horizontales dentro de un caminito marcado, como el caminito que seguía la uva de la historia. Así, si le vuelve a pasar a otra uva lo mismo, ya podrá seguir las líneas de nuestros caminitos... Podemos hacer algo así...
De esta manera, estaremos trabajando en casa los trazos horizontales. Podemos usar rotuladores, ceras, lapiceros... lo que tengamos por casa. Es importante que nuestras familias nos ayuden a coger bien el rotulador o la cera. Y debemos intentar hacerlo despacito para no salirnos del camino, y que nos salga todo lo recto posible. Los resultados los podremos compartir en el blog el próximo día. ¡A trazar caminitos se ha dicho!
Y para los más imaginativos... proponemos que escribáis en el blog otro sitio al que os hubiese gustado que hubiese ido la pequeña uva en el cuento, para preguntar por su racimo.
¡Y colorín, colorete... nos marchamos tan veloces como un cohete!



















A Aitana le ha gustado mucho el cuento y dice que la uva le tenía que preguntar al Lobo Loberto donde estaba el racimo
ResponderEliminarEse habría sido un buen personaje. Bien pensado, Aitana.
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